El Diccionario de la Real Academia define logística como "1) Conjunto de medios y métodos necesarios para llevar a cabo la organización de una empresa, o de un servicio, especialmente de distribución. 2) Parte de la organización militar que atiende al movimiento y mantenimiento de las tropas en campaña".
El uso del término en Francia desde la época napoleónica es bien conocido, y hemos visto varias definiciones diferentes, pero nuestra favorita es la que aparece en el Diccionario Macquarie.
“El proceso de gestionar estratégicamente la adquisición, movimiento y almacenaje de materiales, piezas y productos terminados (y sus correspondientes flujos de información), por medio de una organización y sus canales de marketing para completar los pedidos de la manera más eficiente desde el punto de vista del coste”.
La propia experiencia nos ha enseñado que la logística a menudo afecta a la organización entera, y además conlleva cambios. El dicho “la única práctica de gestión que permanece constante es la práctica de ajustarse constantemente a los cambios” nunca ha sido tan válido como ahora. Aunque es preciso diferenciar dos tipos de cambios, a saber, cambios planificados y no planificados.
Evaluar la logística entraña a menudo dilemas. Por ejemplo: ¿Nos concentramos en el 80% de las existencias, en términos de tamaño/volumen, que supone un valor del 20% de nuestras existencias totales? ¿O evaluamos ante todo el 80% del valor total de nuestras existencias, que sólo ocupa el 20% del espacio?
Otra disyuntiva que se plantea es incrementar el tamaño de los pedidos, lo que implica un incremento de los gastos de almacenaje, inversión de capital, obsolescencia y depreciación y una reducción de los costes de producción y por unidad de transporte. O por el contrario, realizar pedidos más pequeños pero más frecuentes con un menor gasto de mantenimiento de las existencias pero un mayor coste por unidad de transporte.
Para más información, no dude en contact us (contactar con nosotros)
|